El 27 de febrero de 2020, México activó oficialmente el protocolo de contingencia sanitaria para hacer frente a la pandemia global de COVID-19. A partir de ese momento, el país, como el resto del mundo, vivió una transformación sin precedentes en todos los aspectos: salud, economía, vida cotidiana y, por supuesto, en la forma en la que valoramos la protección y la prevención.
Durante el punto más crítico de la pandemia:
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México se posicionó como el noveno país con más contagios a nivel mundial.
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Ocupó el cuarto lugar en número de fallecimientos.
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Más del 55 % de los incendios durante esta época se originaron en casa habitación, según datos de la AMRACI.
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Entre los principales factores de riesgo en los fallecimientos estuvieron la hipertensión, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo.
Además del alto costo humano, la pandemia también representó un impacto económico importante. La Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) reportó que las aseguradoras destinaron más de 3,446 millones de pesos en indemnizaciones derivadas del COVID-19, siendo uno de los eventos más costosos en la historia del seguro en México.
Este periodo dejó clara la relevancia de contar con un respaldo como los seguros de vida y seguros de gastos médicos mayores, ya que:
Los seguros de vida ofrecen:
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Indemnizaciones económicas para los beneficiarios
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Recursos libres de embargo
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Flexibilidad y protección a largo plazo
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Tranquilidad para la familia ante lo inesperado
Los seguros de gastos médicos mayores brindan:
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Diagnóstico y atención médica especializada
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Estudios de laboratorio y hospitalización
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Acceso a tratamientos oportunos y cobertura en situaciones críticas
Hoy, con mayor experiencia y conciencia, muchas personas han comprendido que la prevención no es un lujo, sino una necesidad. Los seguros siguen siendo una herramienta esencial para cuidar la salud, el patrimonio y la tranquilidad de las familias.



